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    CAPEX y OPEX: qué son y en qué se diferencian


    Qué es el capex, qué es el opex, cómo se ven en balance y cuenta de resultados y por qué importan tanto cuando alguien te compra la empresa.

    El CAPEX (capital expenditure) es el dinero que una empresa invierte en activos que van a durar más de un año: maquinaria, vehículos, una nave, software propio. El OPEX (operating expenditure) son los gastos corrientes que mantienen el negocio en marcha: alquileres, suministros, sueldos, suscripciones. El CAPEX va al balance y se amortiza; el OPEX va directo a la cuenta de resultados.

    La diferencia, con una máquina y un alquiler

    Ejemplo ilustrativo, no es un caso real. Imagina un taller que necesita una máquina de corte. Puede comprarla por 120.000 euros o alquilarla a 2.000 euros al mes. Si la compra, es CAPEX: el dinero sale de la caja el día del pago, pero el gasto no se reparte de golpe. Si la alquila, es OPEX: cada mes es un gasto más del ejercicio, y la empresa no tiene nada en el balance al terminar el año.

    Con el tiempo, las dos opciones cuestan dinero. Lo que cambia es cuándo sale la caja y en qué línea de las cuentas aparece. Y esa diferencia, que a un propietario le parece contable, es la que mueve después el EBITDA, el flujo de caja y, llegado el caso, el precio que ofrece un comprador.

    Ejemplos de pyme, uno por uno

    Los tratamientos que siguen son divulgativos y siguen la lógica general del Plan General Contable. Los detalles dependen de cada contrato y de cada caso, y los fiscales conviene consultarlos con tu asesor.

    Una máquina o una línea de producción

    Comprar maquinaria es el CAPEX de manual. Se registra como inmovilizado material por lo que costó (más la instalación y puesta en marcha, si procede) y se amortiza a lo largo de su vida útil.

    Ejemplo ilustrativo, no es un caso real: una máquina de 120.000 euros con una vida útil estimada de 10 años y amortización lineal genera 12.000 euros de amortización al año. En el año de la compra, la caja baja 120.000 euros. La cuenta de resultados, en cambio, solo recoge 12.000 euros de amortización cada ejercicio durante diez años. El EBITDA ni se entera.

    Furgonetas: comprar, renting o leasing

    Ejemplo ilustrativo, no es un caso real. Aquí conviven tres tratamientos distintos para el mismo vehículo.

    Compra. Es CAPEX. Tres furgonetas a 30.000 euros cada una son 90.000 euros de inversión que se amortizan durante su vida útil. Con cinco años y amortización lineal, son 18.000 euros anuales.

    Renting. Suele tratarse como un gasto operativo: la cuota mensual (mantenimiento y seguro incluidos, según el contrato) entra en la cuenta de resultados como OPEX. La empresa no registra el vehículo como activo propio. Si el contrato tiene cláusulas que lo acercan a una compra, el tratamiento puede cambiar, y eso lo decide el contable mirando el contrato.

    Leasing. El arrendamiento financiero se trata, en esencia, como una compra financiada: el vehículo aparece como activo, se amortiza y la deuda con la entidad figura en el pasivo. Los intereses son gasto financiero. Por eso el leasing no reduce el EBITDA, mientras que el renting sí.

    Esto tiene una consecuencia práctica que olvidan muchos propietarios: dos empresas idénticas, una con la flota en renting y otra con la flota en leasing, presentan EBITDA diferentes sin que su negocio sea mejor ni peor. Un comprador atento lo normaliza antes de comparar.

    Licencias de software

    Depende de cómo se contraten. Ejemplo ilustrativo, no es un caso real: una suscripción mensual, como el programa de gestión en la nube o el paquete ofimático, es OPEX puro: 12 licencias a 30 euros al mes son 4.320 euros anuales de gasto del ejercicio. Una licencia perpetua o un desarrollo a medida con valor duradero puede registrarse como inmovilizado intangible y amortizarse. Algunas pymes han pasado en los últimos años de lo segundo a lo primero, y sus cuentas lo reflejan: menos CAPEX, más OPEX.

    Alquiler de nave

    El alquiler de una nave o un local es OPEX: la renta del año se carga como gasto, entra en el EBITDA y no genera ningún activo. Si en vez de alquilarla la empresa compra la nave, tenemos CAPEX (el edificio se amortiza, el suelo no) y desaparece el alquiler de los gastos, con lo que el EBITDA sube sin que el negocio haya cambiado.

    Mantenimiento y reparaciones

    Cambiar el aceite, reparar una avería o revisar una instalación es OPEX: mantiene el activo como estaba. Una gran reparación que alarga la vida útil o aumenta la capacidad (renovar el motor de una máquina, ampliar una línea) puede capitalizarse y amortizarse. Conviene que el contable fije la frontera y la mantenga año tras año: un comprador mira con lupa los cambios de criterio.

    Cómo aparece cada uno en las cuentas

    Un gasto recurrente y un activo pasan por sitios distintos.

    El OPEX se contabiliza en la cuenta de pérdidas y ganancias del ejercicio en que se incurre: aparece en aprovisionamientos, servicios exteriores, gastos de personal u otros gastos de explotación. Reduce el resultado ese mismo año y, como veremos, reduce el EBITDA.

    El CAPEX se registra en el balance, dentro del activo no corriente (inmovilizado material, intangible o inversiones inmobiliarias). A partir de ahí, cada año se lleva a la cuenta de resultados una parte en forma de amortización. El valor del activo en el balance baja poco a poco, y el gasto se reparte a lo largo de su vida útil.

    Capex de mantenimiento y capex de crecimiento

    No todo el CAPEX responde a la misma decisión, y los compradores lo separan.

    El capex de mantenimiento es lo que necesita la empresa para seguir haciendo lo que hace hoy: sustituir la máquina que se ha quedado vieja, renovar la flota, reponer equipos informáticos. Si no lo haces, el negocio se degrada: más averías, menos capacidad, clientes que se van. Es una inversión casi obligatoria.

    El capex de crecimiento es el que añade capacidad o abre algo nuevo: una segunda línea de producción, una nave más grande, un local nuevo. Es voluntario. Se puede aplazar sin que el negocio actual sufra, y lo normal es que busque ingresos futuros que hoy no existen.

    ¿Por qué importa? Porque un comprador que valora tu negocio actual descuenta el mantenimiento, que es inevitable, pero no necesariamente el crecimiento. Si tu CAPEX del último año fue alto porque ampliaste, tienes que poder demostrarlo. Si fue alto porque todo se estaba cayendo, el comprador lo trata como un coste recurrente de la actividad.

    Por qué el capex no toca el EBITDA pero sí la caja

    El EBITDA es el resultado antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. Lo que se paga por un activo duradero no es un gasto del ejercicio, así que no aparece en el EBITDA. Su efecto llega más abajo, como amortización, y el EBITDA la excluye por definición. Tienes el cálculo completo en la guía del EBITDA.

    La caja funciona al revés. El día que pagas la máquina, el dinero sale. Por eso el EBITDA es un indicador de rentabilidad operativa y no de dinero disponible, y por eso se calcula aparte el flujo de caja libre, que descuenta del resultado operativo lo que se reinvierte y lo que absorbe el circulante:

    flujo de caja libre = EBITDA − impuestos − CAPEX − variación del fondo de maniobra

    El otro gran consumidor de caja, además del CAPEX, es el circulante (clientes, existencias y proveedores). Lo explicamos en la guía del fondo de maniobra. Una empresa con mucho CAPEX, mucho circulante o ambas cosas puede tener un EBITDA estupendo y una cuenta corriente siempre justa.

    Cómo mira un comprador el capex cuando valora tu empresa

    Aquí es donde el CAPEX deja de ser un asunto contable y pasa a ser un asunto de precio.

    Un comprador no paga por tu EBITDA. Paga por el dinero que va a poder sacar de la empresa durante los próximos años, y ese dinero es lo que queda después de reinvertir. Cuando aplica un DCF lo ve con claridad, porque proyecta flujos de caja, y el CAPEX es una resta directa. Cuando usa un múltiplo del EBITDA, que es lo habitual en las pymes, el CAPEX no aparece en la cuenta y por eso lo pregunta aparte, y lo descuenta si no le cuadra.

    El capex atrasado

    Es lo que más sorprende al propietario. Llevas años estirando la maquinaria porque «todavía funciona». Los resultados salen buenos precisamente porque no has repuesto nada: poca amortización, pocas inversiones, mucha caja. El comprador lo detecta en la due diligence (el repaso de cuentas, contratos y activos que hace antes de cerrar, que puedes ver en el servicio de due diligence) comparando la edad de los activos con su vida útil, el CAPEX histórico con la amortización y las visitas a la planta.

    Su razonamiento es sencillo: esas inversiones las va a tener que hacer él, justo después de comprar. Así que las resta del precio, euro por euro, o pide una garantía por ellas. A veces, además, las usa para renegociar a la baja todo lo demás.

    Las inversiones pendientes

    También cuentan las obligaciones que ya se ven venir: una certificación que caduca, una normativa que exige renovar equipos, un contrato de renting de flota que termina, una licencia que hay que cambiar. Si las conoces, tenlas en una lista con importe y fecha. Un comprador que las descubre por su cuenta desconfía del resto de la información. Uno que las recibe ordenadas las incorpora a su modelo y sigue adelante.

    La intensidad de capital por sector

    Cuánto CAPEX necesita una empresa para mantenerse depende mucho de su actividad, y los compradores lo tienen en la cabeza antes de abrir tus cuentas. A nivel cualitativo:

    • Poca intensidad de capital: servicios profesionales, consultoría, agencias, software y negocios basados en personas. Casi todo es OPEX (sueldos y alquileres) y la inversión en activos es pequeña.
    • Intensidad media: distribución, comercio, parte de los servicios técnicos. Hace falta stock, vehículos y algún local, pero la maquinaria pesa poco.
    • Alta intensidad de capital: industria, transporte, agroalimentación, hostelería con local propio, energía. La maquinaria, la flota o las instalaciones se desgastan y hay que reponerlas con regularidad.

    Dos empresas con el mismo EBITDA no valen lo mismo

    Ejemplo ilustrativo, no es un caso real. Dos empresas, A y B, tienen un EBITDA de 500.000 euros. A es una empresa de servicios técnicos con poca maquinaria. B es un taller industrial con maquinaria de varios años. Para simplificar, compararemos solo lo que queda después de reinvertir (EBITDA menos CAPEX), sin impuestos ni circulante, que supondremos iguales.

    ConceptoEmpresa AEmpresa B
    EBITDA500.000 €500.000 €
    CAPEX de mantenimiento40.000 €180.000 €
    CAPEX de crecimiento0 €70.000 €
    CAPEX total40.000 €250.000 €
    Caja tras CAPEX (EBITDA − CAPEX)460.000 €250.000 €
    CAPEX sobre EBITDA8 %50 %
    Parte del EBITDA que se convierte en caja92 %50 %

    Mismo EBITDA, casi el doble de caja en A que en B. Ahora supongamos, solo para el ejemplo, que un comprador estaría dispuesto a pagar 5 veces el EBITDA por cualquiera de las dos. Sería un valor de 2.500.000 euros en ambos casos. Pero en la due diligence aparece que B tiene 300.000 euros de maquinaria que habrá que reponer en los dos primeros años.

    ConceptoEmpresa AEmpresa B
    Valor con 5 veces el EBITDA2.500.000 €2.500.000 €
    Capex atrasado que el comprador descuenta0 €300.000 €
    Valor ajustado2.500.000 €2.200.000 €
    Años de caja para recuperar ese precio5,48,8

    Las cuentas: 2.500.000 − 300.000 = 2.200.000. Y 2.500.000 / 460.000 son unos 5,4 años en A; 2.200.000 / 250.000 son 8,8 en B. La diferencia de precio es de 300.000 euros, un 12 % de lo que valdría B sin ese ajuste. Y aun con el descuento, B tarda más en devolverle la inversión al comprador.

    Dos matices honestos. Primero, parte del CAPEX de B es de crecimiento (70.000 euros): si esa inversión es lo que le hará facturar más, el comprador puede verlo como algo positivo y valorar B mejor de lo que dice la tabla. Segundo, el múltiplo de 5 es un supuesto del ejemplo y no un dato de mercado. Lo que sí es real es el mecanismo: el comprador mira cuánto de tu EBITDA le llega de verdad.

    Si quieres ver cómo lo recoge una valoración, la calculadora de valoración de Alvet combina cuatro métodos, entre ellos el DCF y el múltiplo de EBITDA. Sirve de punto de partida orientativo, pero no sustituye una valoración hecha con tus cuentas y el detalle de tus inversiones.

    Qué hacer con el capex antes de vender

    Si vas a vender dentro de uno o dos años, planificar el CAPEX te ahorra una negociación incómoda.

    Haz un inventario de activos con edad y estado. Máquina por máquina, vehículo por vehículo: año de compra, valor, vida útil restante, última revisión importante. Parece trabajo de administrativo, pero es lo primero que pide un comprador y evita que lo estime él por su cuenta, casi siempre a la baja.

    No maquilles el EBITDA recortando mantenimiento. Es tentador: aplazar inversiones mejora la caja y deja un año espectacular. Pero el comprador compara varios ejercicios, y un CAPEX que cae de golpe en el año previo a la venta es exactamente lo que busca. Se nota, y cuesta más confianza de la que ganas en caja.

    Todo esto encaja en la fase de preparación del proceso de venta de tu empresa, cuando se ordenan cuentas y contratos antes de salir al mercado. Hacerlo con tiempo es mucho más barato que hacerlo con un comprador esperando.

    Y una opinión que no gusta: si tu empresa necesita una inversión grande que no puedes asumir y tampoco quieres que se refleje en el precio, a veces lo más sensato no es vender ahora, sino esperar a acometerla. Y a veces es al contrario: vender a un comprador con capacidad para financiarla, que valora el negocio sabiendo que tiene que invertir. Depende de tu situación, del sector y de tus plazos.

    Preguntas frecuentes.

    ¿Qué es el capex en una empresa?

    Es el dinero que se invierte en activos que durarán más de un año, como maquinaria, vehículos, instalaciones o software propio. No se lleva entero a gastos el año de la compra: se registra en el balance y se va amortizando durante su vida útil. En la tesorería, en cambio, el pago se nota completo cuando sale el dinero.

    ¿Cuál es la diferencia entre capex y opex?

    El CAPEX es una inversión en activos duraderos que se amortiza a lo largo de los años; el OPEX es un gasto corriente que se lleva íntegro a la cuenta de resultados del ejercicio. Comprar una máquina es CAPEX; alquilarla, pagar la luz o los sueldos es OPEX. El primero no afecta al EBITDA, el segundo sí.

    ¿El capex afecta al EBITDA?

    No directamente. El EBITDA se calcula antes de amortizaciones, y el CAPEX solo llega a la cuenta de resultados en forma de amortización. Por eso una empresa puede tener un buen EBITDA y poca caja si invierte mucho. Para ver el efecto real conviene mirar el flujo de caja libre, que sí resta el CAPEX.

    ¿Qué es el capex de mantenimiento y el de crecimiento?

    El de mantenimiento es el necesario para seguir operando al nivel actual: reponer máquinas, vehículos o equipos que se desgastan. El de crecimiento añade capacidad o abre líneas nuevas y es voluntario. Los compradores los distinguen porque el primero es un coste recurrente de la actividad y el segundo depende de la estrategia de quien gestione la empresa.

    ¿Un renting cuenta como capex o como opex?

    Lo habitual es tratarlo como OPEX, porque la cuota se lleva a gasto y no hay un activo propio en el balance. El leasing es distinto: se trata, en esencia, como una compra financiada, con activo y deuda. Los contratos concretos pueden alterar este esquema, así que conviene que lo confirme tu asesor contable.

    ¿Cómo influye el capex en el precio de venta de mi empresa?

    Influye por dos vías. Un CAPEX recurrente alto reduce la caja que el comprador puede sacar de la empresa, y el capex atrasado (inversiones que llevas aplazando) se le descuenta del precio o se negocia con garantías. Con el mismo EBITDA, una empresa que reinvierte poco y tiene los activos al día suele recibir mejor valoración.

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