Imagina que te ofrecen 1.000 € hoy o 1.000 € dentro de cinco años. Nadie elige la segunda opción: hay riesgo, inflación y un coste de oportunidad. El DCF es esa intuición aplicada a una empresa entera.
Los tres ingredientes
Un DCF necesita tres cosas, y todo el debate se concentra en ellas.
- Proyección de flujos de caja libre. Qué dinero disponible dejará el negocio cada año, normalmente entre cinco y diez años. Ver flujo de caja libre.
- Tasa de descuento. Cuánto se penaliza el futuro. Suele ser el WACC.
- Valor terminal. Cuánto vale la empresa a partir del último año proyectado, porque el negocio no se acaba ahí.
El resultado es un valor de empresa. Para llegar al precio de las acciones hay que restar la deuda financiera neta.
Un ejemplo con tres años
Ejemplo ilustrativo, no es un caso real. Proyectamos flujos de caja libre de 100.000 €, 110.000 € y 120.000 € para los años 1, 2 y 3, con tasa de descuento del 10 % y un crecimiento a perpetuidad del 2 % a partir del año 3.
Flujos descontados:
- Año 1: 100.000 / 1,10 = 90.909 €
- Año 2: 110.000 / 1,10² = 90.909 €
- Año 3: 120.000 / 1,10³ = 90.158 €
Suman 271.976 €.
Valor terminal en el año 3: 120.000 × 1,02 / (0,10 - 0,02) = 1.530.000 €. Traído a hoy: 1.530.000 / 1,10³ = 1.149.512 €.
Valor de la empresa: 271.976 + 1.149.512 = 1.421.488 €.
Fíjate en la proporción: el valor terminal aporta más del 80 % del total. Es normal en cualquier DCF, y es también donde más se discute.
Por qué los compradores desconfían de un DCF «bonito»
Cambiar un par de supuestos mueve el resultado más que cualquier negociación. Si en el ejemplo el crecimiento perpetuo pasa del 2 % al 3 %, el valor terminal se dispara. Un comprador experimentado lo sabe y exige que cada flujo proyectado se apoye en algo comprobable: contratos firmados, cartera de pedidos, histórico de márgenes.
Por eso, para el vendedor, un DCF es útil como herramienta de conversación, nunca como cifra que se imponga. Presentar un plan creíble, con un caso base y uno prudente, pesa más que una hoja de cálculo con crecimientos espectaculares.
También hay empresas donde el DCF funciona mal: negocios muy pequeños con ingresos muy irregulares, o que dependen por completo de su dueño. Ahí los flujos futuros son una apuesta, y los compradores miran más el EBITDA histórico (la guía de EBITDA explica cómo se normaliza) o los activos.
Cómo encaja en la valoración que hace Alvet
La calculadora de valoración combina el DCF con otros tres métodos: múltiplo de EBITDA, múltiplo de facturación y valor de activos. Pondera cada uno según el sector y devuelve un rango orientativo, no una tasación. Contrastar métodos evita depender de uno solo, y la distancia entre ellos ya te dice algo: si el DCF sale muy por encima del resto, probablemente hay un supuesto optimista.
Errores que se repiten
- Proyectar sin base. Crecer un 15 % anual porque «el sector va bien».
- Olvidar la inversión. Si el flujo no descuenta capex y circulante, el valor se infla. Mira la guía de capex y opex y la del fondo de maniobra.
- Mezclar deuda. Descontar flujos antes de deuda con una tasa que ya la incluye es correcto; descontarlos con la tasa equivocada, no.
- Dar el resultado como exacto. Un DCF produce un rango defendible, no un precio.