Dos precios para la misma empresa
Cuando alguien te dice que tu empresa vale tres millones, conviene preguntar de cuál de los dos valores habla. Hay uno que mira el negocio como un todo, el valor de empresa o enterprise value (EV). Y hay otro que mira solo lo que queda para los socios, el valor de las acciones (en inglés, equity value).
La diferencia es la deuda. El EV no se pregunta quién ha puesto el dinero, si los socios o el banco. El valor de las acciones sí: descuenta lo que se debe a terceros.
Del valor de empresa al valor de las acciones
El puente es este:
Valor de las acciones = EV − deuda financiera neta
Y la deuda financiera neta, a su vez, es la deuda con bancos y otros financiadores menos la tesorería disponible. Si tienes más caja que deuda, la cifra es negativa y se suma en lugar de restarse.
Ejemplo ilustrativo, no es un caso real. Una empresa de reformas genera un EBITDA de 500.000 € al año. Para el ejemplo, supón que se valora a 5 veces ese EBITDA (múltiplo inventado, solo para hacer la cuenta). EV = 500.000 × 5 = 2.500.000 €. La empresa debe 900.000 € al banco y tiene 300.000 € en caja, así que su deuda financiera neta es 900.000 − 300.000 = 600.000 €. Valor de las acciones = 2.500.000 − 600.000 = 1.900.000 €.
Los socios no se llevan 2.500.000 €, sino 1.900.000 €. La diferencia se queda en el banco.
Por qué el EV/EBITDA usa el EV y no el precio de las acciones
El múltiplo EV/EBITDA compara el valor del negocio con lo que genera antes de intereses, impuestos y amortizaciones. Si usaras el valor de las acciones con un EBITDA, mezclarías dos cosas que no casan: el EBITDA pertenece a todos los financiadores, no solo a los socios. Por eso se divide el EV entre el EBITDA. Si quieres repasar cómo se obtiene ese denominador, está en la guía del EBITDA.
Dos empresas con el mismo EBITDA y distinta deuda tienen el mismo EV y distinto valor de acciones. Para el comprador son iguales como negocio, pero la que debe menos deja más dinero al vendedor.
Lo que cambia para quien vende
Aquí es donde más se discute. Una oferta puede venir formulada en valor de empresa («te ofrezco un EV de…») y luego restarse la deuda, ajustes de circulante y otras partidas hasta llegar a lo que cobras de verdad. Leer una carta de intenciones sin entender esa conversión lleva a sorpresas.
Preguntas que te conviene hacer antes de celebrar una cifra: ¿es EV o es precio por las acciones? ¿Se entrega la empresa «sin caja y sin deuda» o tal como está? ¿Qué partidas se descuentan además de la deuda financiera? Un mismo titular puede esconder diferencias de cientos de miles de euros.
Y si compras, el razonamiento es simétrico: el EV te dice cuánto cuesta el negocio, y la estructura de deuda te dice cuánto de eso pones tú.
Errores frecuentes
Restar solo la deuda bancaria. Según el contrato, otras obligaciones pueden asimilarse a deuda. Eso se define en la negociación y con asesoramiento, no se asume.
Comparar EV con ventas, sin ajustar. Cada ratio necesita su base: EV con magnitudes del negocio entero, valor de acciones con magnitudes de los socios, como el beneficio neto.
Dar por hecho que la caja es tuya. Si el acuerdo es sobre empresa libre de caja y deuda, el efectivo sobrante se liquida aparte, y el funcionamiento depende del contrato de compraventa.