Dos palabras para varias cosas distintas
La sigla «M&A» puede referirse a tres cosas. Al tipo de operación (una empresa que compra o vende a otra). Al sector profesional que las asesora. O al departamento de una empresa grande que busca compras. En una pyme, casi siempre significa lo primero y lo segundo a la vez: vas a vender o comprar, y necesitas a alguien que sepa hacerlo.
Fusión y adquisición no son lo mismo
En una adquisición, un comprador se hace con el control de una empresa que ya existe, comprando sus acciones o participaciones, o sus activos. La empresa comprada puede seguir funcionando con su propio nombre o integrarse en la del comprador.
En una fusión, dos empresas se unen en una sola. Es más rara entre pymes y más habitual entre grupos de tamaño parecido, y suele plantearse como una unión entre iguales aunque en la práctica casi siempre hay una parte que lidera.
Cuando se habla de vender una pyme, lo que tienes delante casi siempre es una adquisición. Conviene decirlo claro porque «fusión» suena mejor y a veces se usa para suavizar una compra.
Cómo se desarrolla una operación
Cada caso es distinto, pero el esquema se repite. Alguien decide vender y se hace una valoración. Se preparan las cuentas, los contratos y un resumen anónimo para presentar la empresa sin revelar quién es. Se contacta con compradores interesados, que firman un acuerdo de confidencialidad antes de ver nada. Llegan ofertas, se negocia y se firma una carta de intenciones. Después viene la due diligence, en la que el comprador revisa todo con lupa. Y se acaba con el contrato de compraventa y la firma.
Alvet organiza este camino en cinco fases: valoración, preparación, mercado, negociación y cierre. Si quieres verlo en detalle, está descrito en la página de venta de empresas.
Lo que cambia para un propietario de pyme
Hay una diferencia grande entre lo que se lee sobre M&A y lo que ocurre en una empresa de uno a treinta millones de facturación. Las grandes operaciones salen en prensa y las protagonizan bancos y fondos. Las de tu tamaño son discretas, con compradores muy variados: otra empresa del sector, un inversor, un directivo o un fondo pequeño. Quién compra y por qué lo explica la guía sobre quién compra empresas.
También cambia el motivo. Muchos propietarios no venden por estrategia financiera, sino por jubilación, por falta de relevo o porque están cansados de cargar solos con todo. Y eso condiciona los plazos, el precio y lo que se acepta.
Una operación así dura, por lo general, varios meses, y depende de cómo esté preparada la empresa y de cuántos compradores haya. Contar con semanas sería un error.
Cuándo no tiene sentido entrar en un proceso
No conviene lanzar una venta si no sabes qué quieres de ella. Si la empresa depende totalmente de ti y no tienes intención de quedarte una temporada, el comprador lo notará. Si las cuentas no se pueden sostener ante una revisión, lo mejor es ordenarlas antes. Y si solo quieres «ver qué ofrecen», hay maneras más baratas de hacerlo que abrir un proceso completo: empezar por una valoración orientativa.
Confusiones comunes
Creer que M&A es solo para empresas grandes. Hay operaciones de este tipo a cualquier escala; lo que cambia son los actores.
Pensar que el precio es lo único que se negocia. También se negocian el pago, las garantías, el papel del vendedor después y qué ocurre con el equipo.
Confundir interés con oferta. Una llamada de un competidor curioso no es una oferta. Una carta de intenciones tampoco garantiza que se cierre.