Cuando un propietario enseña sus números a un posible comprador, casi siempre empieza por el EBITDA. El comprador, en cambio, suele hacerse otra pregunta en la segunda reunión: «vale, ¿y cuánto de eso es beneficio de verdad?». El EBIT responde a esa pregunta.
Qué mide el EBIT y qué deja fuera
El EBIT parte de las ventas y resta todo lo que cuesta mantener el negocio funcionando: compras, personal, alquileres, suministros y también las amortizaciones, que reflejan el desgaste de la maquinaria, los vehículos o el software. No incluye intereses de préstamos ni impuestos sobre beneficios.
Esa frontera es útil porque separa dos cosas distintas: lo bien que funciona la actividad y cómo se ha financiado la empresa. Dos negocios idénticos, uno con deuda y otro sin ella, tienen el mismo EBIT y distinto resultado final.
En la contabilidad española se parece mucho al resultado de explotación, aunque cada empresa clasifica algunas partidas (deterioros, ingresos excepcionales) a su manera. Si el dato importa en una operación, conviene que alguien revise qué hay dentro.
Cómo se calcula, con números
EBIT = ventas - costes operativos - amortizaciones. O bien, EBIT = EBITDA - amortizaciones.
Ejemplo ilustrativo, no es un caso real. Una empresa de reparto con estas cifras anuales:
- Ventas: 2.400.000 €
- Aprovisionamientos: 900.000 €
- Personal: 800.000 €
- Otros gastos de explotación: 300.000 €
- EBITDA: 2.400.000 - 900.000 - 800.000 - 300.000 = 400.000 €
- Amortizaciones: 150.000 €
- EBIT: 400.000 - 150.000 = 250.000 €
Si además paga 40.000 € de intereses, el resultado antes de impuestos es 250.000 - 40.000 = 210.000 €. El EBIT no se ve afectado por esos intereses.
EBIT frente a EBITDA
La diferencia son las amortizaciones. El EBITDA las ignora y por eso luce más; el EBIT las cuenta y por eso es más prudente. En el ejemplo, un 37,5 % del EBITDA (150.000 de 400.000) se va en reponer activos.
En un despacho de consultoría con cuatro portátiles, las dos cifras casi coinciden. En una empresa con flota, hornos o maquinaria, la distancia es grande y el EBITDA puede dar una imagen demasiado optimista. Tienes el desglose del EBITDA en la guía de EBITDA y la lógica de qué se reinvierte en la de capex y opex.
Por qué importa al vender o comprar
Un comprador que paga por un múltiplo de EBITDA suele comprobar después si el EBIT confirma la historia. Si las amortizaciones son altas y la maquinaria está a punto de renovarse, descontará esa inversión del precio, o la planteará como condición de la negociación.
Para el vendedor, esto tiene una consecuencia práctica: antes de sacar la empresa al mercado, mira tu EBIT con los ojos del comprador. Si hay inversiones aplazadas que has dejado de hacer «para dejar buenas cifras», el comprador las encontrará en la due diligence y te las restará con intereses. Y si los activos están ya muy amortizados pero siguen funcionando, tampoco te conviene que el comprador los dé por agotados: explícalo con datos.
Errores habituales
- Pensar que EBIT y beneficio neto son lo mismo. Faltan los intereses, los impuestos y el resultado financiero.
- Comparar EBIT entre empresas con criterios de amortización distintos. Una amortiza en cinco años lo que otra amortiza en diez.
- Olvidar los ajustes. El sueldo del dueño, el coche de empresa o un gasto puntual distorsionan el EBIT. Se normalizan antes de comparar.